Este es un espacio para todos los que reconocen la importancia que tiene la lengua española hoy en día y desean aprimorarse. Aquí el estudiante podrá aprender y practicar siempre... Independiente del nivel de estudio que esté.
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sexta-feira, 23 de dezembro de 2011

Navidad, Navidad, Hoy es Navidad


Navidad, Navidad, hoy es Navidad, con campanas este día hay que festejar.
Navidad, Navidad, porque ya nació ayer noche, Nochebuena, el niñito Dios.
Pastores que a Belén queréis pronto llegar, seguid aquella estrella que allí os guiará.
Llegando le veréis, dormido en su pajar con su dulce sonrisa y hojas de la Paz.
Navidad, Navidad, hoy es Navidad, con campanas este día hay que festejar.
Navidad, Navidad, porque ya nació ayer noche, Nochebuena, el niñito Dios.

La Virgen y San José a su lado estarán, y los tres Reyes Magos regalos le traerán.
Incienso y mirra, turrón y mazapán para alegrar al niño, nacido en el portal.
Navidad, Navidad, hoy es Navidad, con campanas este día hay que festejar.
Navidad, Navidad, porque ya nació ayer noche, Nochebuena, el niñito Dios.

Estrella de Belén - Kjarkas


Yo le ofrezco a mi niñito
en su cuna de Belen
de la luna un pedacito,
una estrella azul tambien

Sus ojitos son tan dulces
si ellos me quieren mirar
en la luz de sus pupilas
todo el cielo yo he de hallar

Estrella de Belen
dirige con tu luz
los pasos de mi vida
el camino niño Jesús

Estrella de Belen
dirige con tu luz
los pasos de mi vida
el camino niño Jesús

Instrumental

Yo le ofrezco a mi niñito
en su cuna de Belen
de la luna un pedacito,
una estrella azul tambien

Sus ojitos son tan dulces
si ellos me quieren mirar
en la luz de sus pupilas
todo el cielo yo he de hallar

Estrella de Belen
dirige con tu luz
los pasos de mi vida
el camino niño Jesús

Estrella de Belen
dirige con tu luz
los pasos de mi vida
el camino niño Jesús

ya el niño va dormir
y su sueño hay que velar
ya el niño va dormir
y su sueño hay que velar
ya el niño va dormir
y su sueño hay que velar
ya el niño va dormir
y su sueño hay que velar
ya el niño va dormir
y su sueño hay que velar

Cuento Navideño...La niña de los fósforos

Por Hans Christian Andersen


¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos
.

quinta-feira, 22 de dezembro de 2011

Ya es Navidad...


Navidad, su propia naturaleza se encuentra ligada a historias y cuentos, contados a lo largo de los siglos y en cada lugar para mantener vivas las tradiciones y el recuerdo, así como llenar de colorido e imaginación esta época especial para los chicos y los adultos también.
Leamos aquí algunas historias, cuentos y poemas navideños, algunos tradicionales mientras otros son cuentos propios o recopilados y aportados por visitantes que desean compartir su inspiración y espíritu navideño contigo.
Recreemos con los textos el espíritu de la Navidad y disfrutemos de estas Fiestas que no sólo son para reunirse y festejar, sino que el verdadero sentido de la navidad está en sentirla dentro de cada uno de nosotros, y que despierte lo mejor del ser humano,  la solidaridad hacia los otros, el rogar por la paz en el mundo, el pedir que no haya chicos con hambre en la Tierra, en fin, el sentir la presencia de Dios dentro de cada ser humano.

CUENTO DE NAVIDAD

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana les obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.

-- ¿Qué haremos?

-- Nada, ¿qué podemos hacer?

-- ¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-- Ya se me ocurrirá algo --dijo el padre.

-- ¿Qué...? --preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neyorquinos, el niño despertó y dijo:

-- Quiero mirar por el ojo de buey.

-- Todavía no --dijo el padre--. Más tarde.

-- Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-- Espera un poco --dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-- Hijo mío --dijo--, dentro de medía hora será Navidad.

La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-- Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometisteis.

-- Sí, sí. todo eso y mucho más --dijo el padre.

-- Pero... --empezó a decir la madre.

-- Sí --dijo el padre--. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-- Ya es casi la hora.

-- ¿Puedo tener un reloj? --preguntó el niño.

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.

-- ¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-- Ven, vamos a verlo --dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-- No entiendo.

-- Ya lo entenderás --dijo el padre--. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-- Entra, hijo.

-- Está oscuro.

-- No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. el niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-- Feliz Navidad, hijo -- dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas. 













terça-feira, 20 de dezembro de 2011

Cuando se aproxima la Navidad

 
Se aproxima la Navidad, llegará dentro de una semana
Está lleno de su fragancia mi corazón que espera.
Cada día y noche escucho los villancicos dulces,
Siempre espero la llegada de este momento.

¡Mira!, las casas están adornadas con árboles de Navidad,
Muchos corazones se purifican con la contemplación,
Muchos niños esperan algunas nuevas ropas brillantes
Para celebrar el cumpleaños del verdadero Salvador.

Ni espero ropas como las de un sultán árabe
Ni sueño con el corazón de un santo
Porque soy pobre y vagabundo,
Porque soy fariseo, soy pecador.

No debe venir sólo en un año la Navidad, y pronto se esfuma,
No debe ser puro sólo en un año el corazón, y luego se vuelve sucio.
Dejen que este momento feliz llegue a nosotros cada día,
Dejen que este buen día nos visite muchas veces.
Yohanes Manhitu

segunda-feira, 19 de dezembro de 2011

Erre que erre: uso de la r y la rr



El apartado de ortografía de la Unidad 11 se dedica al uso de la rr y la r. Recordamos las normas:

  • La r tiene dos sonidos:
  • Un sonido suave (ere), que se representa con r: marinero.
  • Un sonido fuerte (erre) que se representa con:
  • rr, entre vocales: tierra.
  • r, a principio de palabras: rosa y detrás de las consonantes b, l, n, s: sobre, alrededor, honra, carne.
Para los que necesiten practicar un poco más, aquí os dejo unas actividades: